Cuando elaboramos nuestro extracto de vainilla, las vainas liberan su sabor, pero ¿las semillas? Apenas están comenzando.
Las secamos, las tamizamos y les damos una segunda vida: esas diminutas motas negras que ves en una auténtica crème brûlée, en un buen helado de vainilla, en una tarta de crema de pastelería. La firma silenciosa de la verdadera vainilla.
Un grano, dos vidas. Así es como pensamos que debería funcionar todo.
¿Dónde te encanta ver las motitas: en las custard, el helado o la panna cotta? 👇

